Una nube

(¿hay acaso algo mas cursi que una nube?)

Uno podría pensar que una nube es solo eso, una nube. “Masa de vapor acuoso suspendida en la atmósfera”, de acuerdo al diccionario que suele ser tan útil en cuestiones técnicas pero poco amistoso en divagaciones ociosas de media tarde.

Luis 026Una nube es una forma completamente aleatoria dibujada en un lienzo azul, indescifrable a menos que se le mire a través del lente acusador de la fantasía.

Es solo en un estado onírico favorecido generalmente por sentimientos tan divergentes como el amor, la nostalgia, la dicha desbordante o la tristeza, que una nube adquiere la capacidad de abandonar su anterior condición de masa deforme para adueñarse de las formas más inverosímiles.

Desde una flor hasta un buque gigantesco son incontables las personalidades de la nube: un soldado, un pez, un mundo en paz, un niño feliz, o un largo viaje por los pasajes de la niñez que se creían olvidados. Está supeditada la nube únicamente a los caprichos de su descubridor.

Termina siendo la nube casi siempre una inofensiva figura, tierna, nostálgica o feliz. Porque generalmente acaba a merced de niños correlones, jóvenes enamorados o adultos soñadores. Puede estar tranquila, no deberá ser cañón, no deberá dibujarse tristemente para satisfacer deseos siniestros o malintencionados, la razón de la ventura de la nube es sencilla: los tipos malos casi nunca se detienen a mirar al cielo. Tienen miedo de ser cautivados por la nube y terminar siendo moldeados en algo diferente, más humano, más amable. Y tienen razón, detenidos viendo al cielo corren el riesgo de imaginar, de dibujar en sus rostros esa nefasta mueca que han visto dibujada en las caras de los tontos que ven hacia arriba todo el día. O peor aun, que sus atareados brazos deban verse ocupados abrazando sueños desperdigados en el inmenso azul.

Los demás, los que desperdiciamos el tiempo viendo al cielo y esculpimos la bóveda celeste a punta de suspiros y recuerdos, ya no tenemos remedio. Serán las tardes de tormenta y las noches, a falta de nubes las horas más provechosas para ocuparlas en esos importantes asuntos que no tienen tanta importancia si uno no ya tiene tiempo de fantasear.

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