La felicidad

Hoy su boca se abre, sonríe.

La mía,  traidora,  cual espejo, le sigue.

Ya no soy quien fui, ni quiero.

No se estar feliz, o si debo.

 

Ya casi no escribo, ya casi no puedo.

La felicidad, una fiera al acecho,

la musas silentes huyendo.

Yo callado  las veo irse, las dejo.

Grita

¡No calles!
Callado rasgan tu carne
lo buitres negros del hambre,
espántalos con el fuego
de la garganta encendida
de fuego de quien gritando
defiende a muerte su villa.

No muere el pobre por malo,
malo es quien lo arranca
de lo que es suyo por honra
escrito y firmado en su espalda
con la sangre de quien trabaja.
No muere por malo el pobre
pero muere por callado

¡Grita!
¡Salva tu alma!
Salva la de tu hermano,
que corre peligro,
no por malo,
por callado.

¡Grita¡
No te importe la burla,
grita a quien te calla,
únelo a tu canto, que sepa
que puede morir gritanto
o puede morir callado.

Pero gritando gritanto,
gritando salvo a un hermano.
Y cuando vuelvan los otros, los malos,
susurraran las tumbas,
de los que nunca callaron.